domingo, 3 de enero de 2010

El erizo


“La soledad del erizo”


El erizo. (Le hérisson, 2009)

Duración: 100 min. Directora: Mona Achache. Guión: Mona Achache (Novela: Muriel Barbery). Música: Gabriel Yared. Fotografía: Patrick Blossier. Reparto: Josiane Balasko, Garance Le Guillermic, Togo Igawa, Anne Brochet, Ariane Ascaride.

Historia de un encuentro inesperado, entre algunos de los habitantes de un inmueble de la calle Eugène Manuel, en París. Paloma Josse, niña de once años, madura, crítica e inteligente, con un plan secreto. Renée Michel, portera discreta y solitaria, bajo su apariencia arisca. En realidad, una persona inteligente y cultivada, con un tesoro en su pequeño mundo: Una biblioteca. Y el enigmático señor Kakuro Ozu, un japonés, que acaba de mudarse al edificio.

Los erizos son seres con un mundo interior complejo. Rodeados de burgueses adinerados, aparentemente felices y extrovertidos, pero insatisfechos y arruinados en su interior.

Estamos ante una producción francesa, aunque, ante el recelo inicial por su procedencia, sólo tendremos elogios para este film. “El erizo” se basa en la novela “La elegancia del erizo”, de Muriel Barbery, best-seller, a la europea. Estos, suelen convertir lo narrado en una metáfora de algo más profundo y trascendente, como ocurre en esta ocasión. Frente a los americanos, donde priman la aventura y el entretenimiento.
En la mayoría de los casos, una película, no supera a la obra literaria, salvo algunas excepciones (“El padrino” Francis Ford Coppola, 1972, y “2001” Stanley Kubrick, 1962). Sin embargo, Mona Achache, la directora y guionista de esta película, ha conseguido acercarse a esos pocos casos.

“El erizo” contiene una gran potencia visual; la visión desde la cámara de cine, con la que graba Paloma, o las animaciones que recrean ensoñaciones de la niña. Así como la luz que poseen los pisos de los adinerados vecinos, eso sí, con cierta frialdad, frente a la penumbra acogedora de la biblioteca de la portera. Las alusiones literarias son constantes, y la llave la tiene León Tolstói, y su “Ana Karenina”, germen del que parte la relación entre personajes.

Josiane Balasko, como la portera, muestra una interpretación como pocas, capaz de manifestarlo todo con una mirada o un gesto. Cuando se enfrasca en sus libros, comiendo chocolate y acariciando a su gato León, transmite mucho más que todo el metraje de algunas superproducciones. Paloma, interpretada por Garance Le Guillermic, aparece sobria y contenida, como corresponde a una niña filósofa. Togo Igawa, que interpreta a Kakuro Ozu, actúa de manera muy poco expresiva y algo distante, suponemos que el papel así lo requiere.

En lo referente a la música, se tiene la impresión de estar oyendo la banda sonora de “American Beauty” de Thomas Newman, aunque, tras comprobar su autor, se descubre que la firma Gabriel Yared (“Cold Mountain” 2003). A pesar de su posible inspiración, aporta ritmo al relato, y enlaza transiciones entre escenas.

“El erizo”: Incomunicación, mediocridad, muerte y cultura. Soledad, y los mecanismos para poder evitarla.

Definitivamente, una gran película.